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Duelo genetico|La despedida más amarga

Cuando pensamos en ser padres nos imaginamos muchas cosas, pero lo primero que se nos pasa por la cabeza es “se va a parecer a…” Es inevitable, forma parte de uno de los instintos más primarios, queremos que algo de nosotros se quede en este mundo… ¿Y cuando ya no es posible? El día que llega el diagnostico cae una losa sobre ti. Cuando uno de tus peores miedos se hace realidad no puedes mirar para otro lado, no hay plan b que valga.

En nuestro caso llego poco a poco. La baja reserva estaba ahí, éramos conscientes, pero aun había una puerta medio abierta, seguíamos teniendo opciones, mis ovarios estaban mal pero aun eran una posibilidad, no estaba todo ¨perdido¨.

Recuerdo la primera vez que me sugirieron la donación como si fuese ayer. Teníamos una primera visita en una clínica, les pusimos al día de nuestro historial y enseguida nos recomendaron que era mejor que optásemos por la donación, tendríamos muchas más posibilidades, era la mejor opción. Salí de esa cónsula enfadadísima, me negaba a aceptar que mis óvulos ya no valían ¡Querían timarme! No era posible que con mi edad necesitase una donante.

Al final opte por otra clínica y otro medico. Un sitio que estaba más a favor de mi plan…Y me equivoque. No quise ver la realidad y al final me explotó en la cara. A pesar de un fracaso terriblemente doloroso seguía negándome a aceptar que no podía ser, de echo pase por dos FIV más, esta vez por la pública. Las dos con igual resultado. Mucha medicación, un miedo horrible a las consultas, siempre a punto de cancelar tratamiento, apenas conseguíamos óvulos, los embriones se paraban enseguida…

Al final llego el día que llevaba retrasando casi dos años, ya no podía negarlo más, no podía mirar para otro lado. Y no os voy a mentir, la caída es terrible. El dolor que sientes, la desesperación, la rabia y la vergüenza. Si, no debería ser así, pero lo es. Te avergüenza admitir que no puedes ser madre, que tu cuerpo no responde, que necesitas mucha ayuda, que si lo logras no sera gneticamente tuyo ¿Y si alguien se entera? ¿que van a decir de mi?

El duelo genético es hasta la fecha la cosa más dura que he tenido que pasar. Fueron días, semanasy meses en los que lloraba todo el día. No hablaba con nadie ni salía de mi casa. Estaba tan deprimida que no veia salida. Desconecte el telefono, cerré mi anterior blog y me oculte del mundo, no hablaba ni con mi madre. Solo quería desaparecer.

Como todas las caídas esta también necesita tiempo, pero poco a poco te levantas. Un día te sacudes el polvo y decides que esto no te puede parar, tu quieres ser madre y los genes no son los que hacen una familia. Una familia es amor, los padres son los que te cuidan día a día y te quieren pase lo que pase. No es quien pone la carga genética, ser padres va mucho más allá.

¿Cómo se supera el duelo genético? Personalmente creo que no se llega a superar del todo, esa espina no desaparece. Pero con el tiempo lo aceptas. Poco a poco empiezas a entender que lo que llevas buscando tanto tiempo es tener un hijo, sea como sea. Da igual que no fuese un embarazo natural, da igual que no sean tus genes, da igual si es adoptado… Porque se le va a amar con locura llegue de la forma que llegue. Una célula no va a hacer que sea más o menos tuyo. El día que consigues verlo, ese momento en el que decides que es no te va a parar, ese mismo día es en el que empiezas a curarte.

Ahora casi un año después de ese momento y a punto de comenzar un nuevo tratamiento os puedo decir que ya no me importa. Ese dolor se ha apagado y lo vivo con ilusión. Sigo deseando que se parezca a mi, es algo que me haría ilusión, pero ya no es lo importante. Mis miedos ahora son los mismos que en cualquier otro tratamiento ¿Estarán bien los óvulos? ¿Serán de buena calidad? ¿Lo conseguiremos? Porque al final lo único que importa es cumplir nuestro sueño, ser padres.

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