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El susto de la clamidia

Dentro de todas mis vivencias en el mundo de la fertilidad puedo asegurar que me ha pasado prácticamente de todo. Me daría para escribir un libro, o dos. Tengo relatos que son humor, otros el drama absoluto y también de los que parecen de ciencia ficción, pero lo que os vengo a contar hoy creo que lo supera todo.

Cómo algunas recordaréis a raíz de la medicación me salió un pólipo en el útero y tenía que operarme. Con el confinamiento todo se aplazó y más o menos es ahí donde deje de publicar. Bueno pues cuando las cosas volvieron a “normalizarse” me citaron para retomar la histeroscopia. Fue una intervención rutinaria, terminó rápido y yo me encontraba bien. El problema llegó junto a la biopsia.

El día que me llegaron los resultados se los envía directamente a mi ginecóloga de la clínica de fertilidad sin mirarlos ni nada. Al rato de enviárselos me dijo que debería mirármelo porque había dado positivo en una ETS (enfermedad de transmisión sexual). En ese momento colapse, me moría de la vergüenza, pero al mismo tiempo pensaba ¿ETS? Si llevo diez años con mi marido y con nadie más… Por suerte estaba tan conmocionada que no me puse a pensar más allá (todas sabemos en que puede desencadenar una noticia así ).

Pedí cita de urgencia con la primera ginecóloga que encontré y a las dos horas estaba en su consulta y con Maridin al lado bien vigilado . Se lo explicamos todo, era imposible, si llevábamos tantísimo tiempo juntos y sin más parejas… Decidimos repetir la analítica ahí mismo y aún así tomar ya la medicación por si se confirmase ese positivo estar ya tratados. Salimos de la consulta con la medicación y ese mismo día nos tratamos. Con toda la suerte del mundo me tocó sufrir prácticamente todos los efectos secundarios. Me puse malisima y pensé que me iba a dar algo.

Mientras tanto yo seguía dándole vueltas al tema ¿tendría que matar a mi marido? Porque yo sabía perfectamente que solo había estado con el… Pero decidí no volverme loca antes de tiempo. Mejor esperar a los nuevos resultados (además estaba muy ocupada muriéndome con todos los efectos secundarios).
A los dos días nos llegaron los resultados y sorpresa, sorpresa… los dos eran negativos. Ni la tenía yo, ni la tenía el (como apunte os diré que en ese mismo hospital ya me había pasado algo parecido con otra analítica que decía que tenía una enfermedad y al repetir en otro centro resultó que no).

Como os estaréis imaginando enseguida llamé a mi ginecóloga para decirle que había dado negativo, que no había matado a maridin y que estábamos estupendamente. Fue un buen susto, lo pasé fatal esos días y parándome a pensar… ¿Qué habría sucedido si no hubiese mantenido la calma? Yo conozco muy bien a mi pareja y estaba convencida de que no podía ser, pero en otras circunstancias, tener una analítica así, empezar a dudar de tu relación… Mantener la calma en ese momento, mientras miras una analítica que pone “positivo”. Esas ocho letras estuvieron grabadas en mi cabeza durante todos esos días.

Díez días después tuve que ir al hospital donde me operaron para la revisión y a pesar de reclamar, de recalcar que era la segunda vez que me ponían una enfermedad que yo no tenía… nadie se hizo cargo. Le restaron importancia al asunto y sin más lo dejaron estar. Yo por otro lado no lo olvido y me lo pensaría dos veces si tuviese que volver a tratarme allí.

¿Os ha pasado alguna vez algo similar? ¿Se han equivocado en una analítica importante?

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