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¿Puedo permitirme tener esperanza?

En todos los tratamientos albergo una pequeña ilusión, una esperanza de que todo irá bien y al fin dejaremos atrás está pesadilla, pero con el tiempo esa ilusión ha ido encogiendo y ahora me da miedo. Una parte de mi cree que si me confío, tengo esperanzas y creo que todo va a ir bien… fracasaré.


Es lógico empezar un tratamiento con muchas esperanzas, de lo contrario no nos someteríamos a el (al menos yo no) pero al mismo tiempo hay algo en ti que te frena, una especia de colchón de seguridad. Después de tantísimo recorrido he fracasado muchas veces. En mi largo historial hay dos “medio inseminaciones artificiales”, una “medio FIV” y dos FIV completas. No se puede decir que sea una novata en el tema. Todos esos tratamientos los empecé rebosante de optimismo, segura de que serían los últimos y que al fin sería madre. Poco a poco en todos ellos empezaron las complicaciones, las cosas no salían del todo bien pero seguíamos adelante. Me negaba a ver que las cosas se desmoronaban y al final en todos y cada uno de ellos fracase, me llevé un golpe y todo se acabó.


Ahora estamos en otro tratamiento, uno muy distinto. Durante toda la ovo me he sentido fuera del proceso, como si no fuese conmigo. Gran parte de ese distanciamiento emocional ha sido la falta de contratiempos. Desde que empezó todo solo he tenido noticias de la clínica para decirme que ya habíamos dado un paso más, que ya empezaba, que pronto llegaría el momento… pero aún no he tenido noticias de ningún contratiempo.


En unos días las cosas van a cambiar mucho. Llega el momento de la punción, de mi ecografía de control, de la inseminación de esos óvulos… Estamos entrando en la fase crítica y me pregunto ¿Vendrán ahora los problemas? Hasta ahora todo ha sido muy fácil y la experiencia me dice que esto no funciona así, que algo malo está por llegar. Un mecanismo de alerta constante no me deja tener esperanzas. Siento que si me confío y empiezo a tener ilusión las cosas se van a torcer.


En el momento de tener los óvulos empiezan las bajas. No todos fecunda, después tienen que dividirse bien, pasan los días y los más de viles van quedándose por el camino. Cada llamada de los embriologos suele ser un parte de bajas, al menos en el pasado lo era. En este momento mi cuerpo empieza a prepararse para todo eso. Me aterra el momento de las noticias porque nunca han sido buenas ¿Conseguiremos blastos? Y si los conseguimos… ¿Saldrá bien la transferencia? ¿Se quedará alguno conmigo?


Envidio a mi yo del pasado, la ingenua que tenía tantas esperanzas. Echo de menos a la chica que creía que todo era posible y que estaba segura de que al final lo conseguiría y sería mamá.

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